Verano del 87
Se podría decir aquello de “se lo que hicisteis en aquel verano”. Ideas, planes, proyectos iban y venían en las primeras reuniones, se podría decir “clandestinas”.
En un principio todo parecía perfecto como solución al impulso del baloncesto femenino en la ciudad. Pero para ello había que dar pasos que a mucha gente no les iba a gustar y a otros simplemente les parecería una “traición”. Sobre el papel todo era fácil y los ojos brillaban en las noches y madrugadas de quienes un día si y otro también se reunían hoy aqui y mañana allá.
Al final, unos por el que dirán, otros por el volumen de trabajo y dedicación que significaría y otras por lo incierto del futuro, el barco se iba convirtiendo en un pequeño yate, de ahi a un chalano para terminar seis intrepidos encima de una balsa sólo cargada de ilusiones. Perdón, también les acompañaba la fuerza de muchas jugadoras que estaban esperando que alguien les diese la oportunidad de ser tratadas en el baloncesto con el mismo empeño que ellas ponían en cada entrenamiento y partido.
Seis navegantes, cinco marineros y un capitán (D. Valentín Masa), que embarcaron en la nave que desde el primer día es emblema del escudo del club. Ahora sólo quedaba lo más difícil, convencer a todos de que aquello era una travesía muy larga, con muchos contratiempos, pero con un futuro prometedor para el baloncesto femenino.
La Dorada (nunca mejor nombre para aquellos años) fue testigo de las imnumerables reuniones que hasta altas horas de la madrugada tenía enfrascados a los, ya se les podía catalogar como tal, fundadores del ADBA. Reuniones en las que se iba fraguando poco a poco la filosofía deportiva y social que tenía que caracterizar al club, reuniones en las que nunca se dió un paso atrás y por pequeño que fuese el impulso siempre fue en el mismo sentido.
Los días de ese verano fueron agotadores, bien de mañana se izaban las velas y todos comenzaban el trasiego por la ciudad para informar de la travesía que estaban dispuestos a realizar y de las necesidades para llevarla a cabo. Unos recelosos, otros incredulos, algunos inaccesibles, los más… cercanos, entusiastas y emprendedores que poco a poco iban llenando las bodegas de víveres y las velas del viento necesario para poder soltar amarras.
Llegaba la noche, cansados, pero con la energía suficiente como para hacer recuento de la “mercancía” recogida y hacer repaso de los puertos donde al día siguiente había que arribar.
Dos meses de idas y venidas fueron suficientes para flotar en el verano de 1987 la balsa de nombre ADBA y a la que hoy en las vísperas del verano de 2007 se la ha transformado nuevamente en un gran barco que navega entre los grandes del baloncesto femenino, no sólo asturiano sino español.
Sólo queda nombrar a aquellos marineros capitaneados por Valentin Masa. Gloria, Mijares, O ndina, Nonnast y Manuel Angel, estos eran sus nombres de batalla.
En el siguiente “capítulo” se contará en breves pinceladas la primera etapa de la travesía que comenzó en el verano del 87.
